Inspirado en una historia real
El gobierno autónomo de Crimea y el de Sebastopol declararon su independencia el 11 de marzo de 2014 y se integraron mediante referéndum a la Federación de Rusia el día 18 de marzo. Gran parte de la comunidad internacional no reconoce tanto la declaración de Independencia de Crimea y Sebastopol, como sus referendos sobre el estatus político y ni su posterior adhesión a Rusia. La soberanía del territorio es reclamada por Ucrania. Eso dicen los datos duros. Pero nadie repara en que la intervención militar de Rusia y, sobre todo, la fratricida guerra civil prorrusa en Ucrania, dejó cientos de hombres, mujeres y niños muertos y miles de personas desplazadas de la península, arrojadas a la condena del olvido de los campos y de las calles de una Ucrania indiferente ante la tragedia. Simplemente ellos se lo buscaron. Los habitantes de Crimea habían votado por su independencia. ¿A quién le importaba su destino, aún cuando no fueren prorrusos? Anna y Sashenka, dos hermosas adolescentes de 14 y 16 años, eran tan sólo dos de esos fantasmas sin destino que habían quedado huérfanas de padre y madre y que ahora deambulaban sin rumbo por las calles de Kiev. Ignoradas, olvidadas, desnutridas, expuestas al frío y a la intemperie. Sin casa, sin padres, sin siquiera un cojín donde reposar su cabeza. Tan sólo una manta para ambas, era todo lo que poseían. Cada día era un reto de supervivencia y de creatividad para conseguir un poco de comida, agua y un lugar donde dormir.
Los meses pasaban y su estado era cada vez peor. A veces lograban colarse en comedores asistenciales del gobierno ucraniano, pero era tanta la gente que casi nunca encontraban lugar. Habían tratado de acceder al sistema de protección infantil del Estado, pero por su edad ya no tenían derecho a sus beneficios. Realmente estaban en una situación grave. Como pudieron, un día de supervivencia, como cualquier otro, las hermosas pero mugrientas hermanas consiguieron una porción de Borsch en un pequeño restaurante, pero se las regalaron en una bolsa de plástico con tal de que fueran a comérsela a otra parte. Así, se sentaron una junto a la otra en media avenida, ante el paso indiferente de los peatones.
Pero alguien sí vio debajo de la suciedad y del abandono sus bellísimos rostros. Y no precisamente con la mejor de las intenciones. Paró su lujoso vehículo, se bajó del auto y se sentó junto a ellas. Las jóvenes se asustaron, pero el hombre rápidamente las calmó. “No teman”, les dijo. “Estoy aquí para ayudarlas”. El hombre les dio una fuerte cantidad de grivnas y les dijo: “con esto pueden comprar bastante ropa para cobijarse, comida para varios días, y hospedarse en algún hotel por un par de semanas, pero si vienen conmigo les prometo que nunca más volverán a pasar hambre, que lo que les estoy dando les será en el futuro una cantidad ridícula, que tendrán siempre una familia que las proteja y, sobre todo, mucho dinero…”. Las hermanas se vieron una a la otra como si un ángel hubiera caído del cielo. No obstante, Sashenka intuyó de inmediato que algo no andaba bien, pero sabía que era preferible aprovechar esta oportunidad que morir de hambre bajo un puente. Antes de 30 minutos, las dos hermanas habían llegado a una enorme y lujosa casa de citas a las afueras de Kiev y recibidas por su administradora, una mujer glamorosa de unos sesenta años, que parecía de 40 y vestía como una estrella de rock de 20. La casa, que más bien era una auténtica mansión, estaba repleta de hermosas jovencitas, quienes todas por igual la llamaban “Mать” (mat’, madre). Luego de entregar un pequeño maletín al hombre misterioso, Madre limpió los rostros mugrosos de las niñas con un paño, les dijo que esa era su nueva casa y su nueva familia, que ella estaría ahí siempre para cuidarlas y que sus días de sufrimiento habían terminado. Las condujo a una habitación donde, dijo, encontrarían a sus nuevas hermanas, podrían tomar un buen baño, tomar la ropa que quisieran y bajar a comer tanto como pudieran, pues sus días de hambre y desnutrición habían terminado. El júbilo de Anna y Sashenka fue grande, aunque ésta última siempre tuvo sus temores. Anna, por el contrario, se sintió de inmediato como en casa. Sus nuevas “hermanas” se encargaron de ponerlas en la realidad y de explicarles que ahí nada era gratis. Vivir en el lujo tenía un alto costo, y ese costo implicaba cumplir con las fantasías sexuales de cuanto hombre o mujer pagara los servicios de la casa que Madre administraba. Así pues, no pasó mucho tiempo antes de que Anna y Sashenka fueren incorporadas al diario vivir del resto de la familia, al principio con miedo, luego con rabia y al fin con resignación. Un proceso por el que todas las hijas de Madre habían pasado, pero superado. No importaba la salud o la enfermedad; el estado de ánimo, el gusto o la preferencia. Había un catálogo perfectamente detallado de la familia y el cliente elegía del menú, cual carta de vinos, o se le mostraba la existencia de lo que el menú ofrecía conforme a sus preferencias, cual pasarela personalizada. Ninguna hermana podía decir que no. Se sabía, como leyenda tenebrosa, que quien decía que no desaparecía para siempre. Nadie nunca osaba retar a Madre, que podía ser un caramelo con las chicas, pero también una fiera cuando algo no salía como ella lo disponía. Cualquier error era castigado con aislamiento, golpes por parte del personal de vigilancia y con la privación de alimentos. Con Madre no se jugaba. Así pasaron meses. Anna y Sashenka aprendían inglés y español durante el día, pero también aprendieron a sobrevivir en un infierno aún más infame que el de las calles de Kiev, rodeadas de lujo, dinero, joyas, alcohol, drogas, sexo forzado y abortos clandestinos. Pero lo peor estaba por venir. Casi un año después de la llegada de las hermanas a la casa de Madre, nuevamente el hombre misterioso que las había reclutado regresó a la Mansión, esta vez con una maleta repleta de euros. Fue recibido por Madre en su oficina con sentimientos encontrados. Por dura que fuera, en verdad amaba a su familia. Pero negocios son negocios. Al día siguiente, Anna y Sashenka, junto con otra veintena de las hijas de Madre, fueron recogidas de la casa de citas con instrucciones claras: irían a México a empezar una nueva vida. A todas se les entregó un pasaporte con identidad y nacionalidad falsas. Las ucranianas Anna y Sashenka habían muerto. Habían ahora nacido las mexicanas Luisa y Leticia. Luisa, Leticia y las demás chicas fueron llevadas a México, donde un grupo de tratantes de blancas les tenía preparado un nuevo centro nocturno nudista en la más exclusiva zona turística de la Ciudad de México. Su única misión ahí era bailar, sonreír y hacer lo que sabían hacer. Eso, o la desaparición. En toda esta compleja red de tráfico humano destacaba un personaje importante, el abogado Arriaga, dueño del bar recién abierto, quien además era representante legal de la Fundación “Creando Familias Felices”, una institución que promueve la subrogación de matriz en Yucatán de manera lícita, pero con un “servicio agregado” para quienes desean subrogar madres con genética “de alto nivel”. Un buen día, la Fundación fue visitada por una pareja homoparental de españoles que querían descendencia biológica y que habían buscado por varios países del mundo, entre ellos Grecia, Estados Unidos y Canadá, donde la subrogación de matriz es francamente impagable. En su búsqueda, encontraron que México es el país menos costoso para hacer este procedimiento y además que es bien sabido que en este país el dinero hace milagros.
Entrados en el tema, la Fundación les explicó todas las complicaciones que habrían de enfrentar. Sólo cuatro estados de México prevén en su legislación esta figura: Querétaro, Coahuila, Sinaloa y Tabasco. Los dos primeros la prevén para prohibirla y los dos últimos para regularla. La Clínica de Salud Reproductiva de la Fundación opera en Tabasco. Ahí, debe distinguirse entre maternidad substituta y maternidad subrogada. En la substituta a la madre se le implanta un embrión criogenizado, ya sea de los padres biológicos o de un banco de embriones. En la subrogada, se utiliza el material genético del padre, y la madre subrogada pone su óvulo. Teresa, la directora de la Clínica, fue al grano y sin rodeos: sabemos cómo encontrar tabasqueñas en apuros económicos que por una módica cantidad de dinero dan su vientre en alquiler para parejas que no pueden tener hijos, porque la ley exige que la maternidad subrogada sea por motivos de incapacidad de una madre para gestar. Ese es nuestro primer obstáculo. Aquí no hay ninguna madre impedida. En segundo lugar, la ley exige que los padres intencionales para subrogar una matriz sean una pareja heterosexual. Este es el segundo gran problema. Y el tercero: que los padres intencionales sean nacionales mexicanos. Y ustedes son españoles. Esta es la primera vez que la Fundación enfrenta un problema como el suyo, pero la directora fue enfática en que en México todo tiene solución si se sabe uno defender, ya sea con la ley en la mano o con la cartera. La pareja de españoles fue todo oídos. No obstante los obstáculos legales, insistieron en hacerlo. Y no sólo eso, fueron enfáticos en que no querían una madre substituta. Querían una madre subrogada, querían ser padres biológicos, y más que eso: querían una madre que tuviere los genes más perfectos posibles.
Acto seguido, Teresa mostró a los españoles un catálogo de jóvenes mujeres que parecía surgido de la más exclusiva agencia de modelos. Luego de hojearlo por unos momentos, uno le dijo al otro: “¡Mira qué belleza!” ─¿Cuánto nos costaría que esta mujer fuere la madre?─, preguntó uno de los esposos. ─Un millón de euros adicionales a los costos regulares de la clínica, en efectivo. La pareja se miró por unos instantes. Era mucho dinero. Pero valía la pena. ─Es un trato─ dijeron ambos a la vez. Inmediatamente, Teresa tomó el teléfono y llamó al abogado Arriaga.
─¿Hugo? Tenemos una pareja homoparental de españoles que necesitan tu asesoría para una subrogación de matriz. Acaban de elegir a Sashenka. ¿Puedes hacerte cargo? ─Cuenta con ello. Esa misma noche, Arriaga fue al centro nocturno y prometió a Sashenka que su vida cambiaría. No más sexo, drogas ni alcohol. Le esperaba un remanso de paz en Tabasco, donde gestaría a un bebé, a cambio de una fuerte remuneración. Sashenka trató de oponerse porque ya había tenido abortos previos y no pensaba seguro un embarazo tan pronto. Pero no tenía alternativa. Obedecer o desaparecer. Esa era la única ley que ella conocía. Sashenka fue inseminada con el material genético mezclado de ambos españoles. No obstante, como fue forzada a ovular mediante un tratamiento hormonal, produjo dos óvulos, lo que dio como resultado un embarazo gemelar bivitelino. A partir del sexto mes su embarazo se volvió de alto riesgo por la debilidad de su matriz, por lo que tuvo que guardar reposo absoluto. Finalmente, ésta colapsó al octavo mes y tuvo que ser operada de emergencia.
Al despertar de la cirugía, Sashenka ya no tenía ni gemelos, ni matriz. Pero unos cuantos días después, aún dentro de la clínica, donde la seguridad era mínima, vio la oportunidad de escapar de su esclavitud, tomó su expediente, dinero en efectivo y salió huyendo como pudo. Cuando Arriaga se enteró de su escape explotó de una furia combinada con terror de que Sashenka pusiera al descubierto toda la red de trata que encabezaba. Echó mano de todos sus esbirros y sicarios para buscarla por cielo, mar y tierra, mientras otro problema se le venía encima. Tenía que ir a Tabasco porque los mellizos no podían ser registrados y sin registro no podían tener pasaporte para regresar a España con sus nuevos padres. Así pues, fue junto con la pareja de españoles y los mellizos al Registro Civil de Tabasco, donde se les exigía, desde luego, el nombre de la madre para registrar a los infantes, aunque ésta fuere subrogada. La subrogación de matriz es una fórmula para que una madre tenga un hijo cuando no lo puede gestar por sí misma y no una forma de adopción, que es cosa distinta. El Registro no se oponía a una adopción de los menores, pero sencillamente no había manera biológica de que los mellizos sólo tuvieren dos padres varones. Arriaga amenazó a un par de funcionarios del Registro Civil con armar un escándalo, mientras por debajo de la mesa pasaba un enorme fajo de billetes. –Simplemente pongan de padre a uno, dejen vacío el espacio de la madre, y hagan una anotación marginal de que el otro padre es el esposo–, ordenó. Los funcionarios del Registro no tuvieron el menor problema. Esa acta no les serviría para nada. De ahí se dirigieron a la delegación de la Secretaría de Relaciones Exteriores, donde se toparon con un muro gigantesco. La Cancillería no podía expedir un pasaporte mexicano a dos mellizos que no tenían una madre, por más que ésta fuere subrogada, pues en todo caso así debía esto constar. La única alternativa era que la madre diera en adopción a los menores. El propio delegado les dijo que no se explicaba cómo era posible que hubieran conseguido un acta de nacimiento con esas características y que un notario hubiere dado fe de un contrato de subrogación de matriz entre una pareja homoparental extranjera. Ante tal tropiezo, los españoles y Arriaga fueron a solicitar el amparo del consulado español, quien les dijo exactamente lo mismo, y además agregó que no estaba dispuesto a entrar en un conflicto internacional con México por un fraude a la ley cometido por sus ciudadanos. Los españoles y sus mellizos, ya totalmente quebrados y sin dinero, fueron a parar a una casa de asistencia de la Fundación en Mérida, donde hasta la fecha siguen esperando con fe que algún día España se apiade de ellos y les conceda un pasaporte español a los gemelos. Lo que los españoles ya nunca supieron es que apenas un mes después de su obligado retiro a Mérida, Sashenka se presentó en las oficinas del abogado Arriaga, con un acompañante muy especial. ─¡Sashenka! ¡Qué sorpresa…! ¿Cómo estás? ─Mucho mejor después de perder mi matriz abogado, muchas gracias. Déjeme presentarle al Dr. Nicolai Franko, embajador de Ucrania en México. ─Señor embajador ¡Tanto gusto! ─Ahórrese las mentiras, abogado. No creo que le dé nada de gusto verme aquí. ─¿Por qué lo dice? ─Mire usted, no tengo mucho tiempo, así que iré directo al punto. Usted y yo sabemos que en su centro nocturno hay más de 20 ucranianas siendo explotadas sexualmente. Si yo pido la intervención del gobierno mexicano, serán retenidas como testigos protegidos, quizá durante años, y usted procesado penalmente. Su destino como delincuente me tiene sin cuidado. Yo lo que quiero es que esas chicas regresen a mi país de inmediato, porque mi gobierno ya tiene detenidas a todas las personas involucradas en la administración de varios prostíbulos de Kiev. Mi gobierno quiere llevarse a estas chicas como testigos protegidos hoy mismo, así que lo único que pido de usted es su colaboración para ponerlas en un avión y llevármelas de regreso, a cambio de dejarlo a usted en paz con sus asuntos en México. Arriaga cayó de espaldas en su silla.
─Todas suyas, señor embajador. Sólo dígame en qué vuelo las pongo y viajarán a Kiev cuanto antes. ─Mañana. 9:30 de Aeroflot. El embajador dio la media vuelta, tomó a Sashenka del brazo y salieron de la oficina. ─¡Un momento, Sashenka! ─Diga usted. ─¿Habría la posibilidad de que dieras en adopción a los mellizos a sus padres? Hemos tenido algunos problemas con su registro. ─No me haga reír, abogado. México es caso cerrado para mí. Al día siguiente, todas las hijas de Madre volaban a Ucrania de regreso, pero esta vez listas para ser parte de un proceso penal contra Madre y sus cómplices, entre los que figuraba Arriaga, contra quien ya había un pedido de extradición. Mientras tanto, los españoles varados en Mérida suplicaban a Arriaga que hiciera algo por ellos, quien sólo atinó a presionar a la Comisión Nacional de Derechos Humanos para que emitiera una recomendación totalmente fuera de contexto, desconociendo las leyes nacionales e internacionales sobre la materia, ignorando el turbio negocio que hay detrás de la subrogación de matriz y confundiendo la discriminación por razón de orientación sexual con el derecho que tiene todo ser humano a conocer la identidad de su madre. Así, en uno de los periódicos de mayor circulación nacional un día se leyó: meLLizos con dos papÁs La CNDH llama a respetar los distintos modelos de familia
MELLIZOS CON DOS PAPÁS
La CNDH llama a respetar los distintos modelos de familia
En el marco de la conmemoración del Día de la Familia, [la Comisión Nacional de Derechos Humanos] señaló que el respeto y la protección a las diferencias permiten una convivencia pacífica y erradicación de la discriminación y violencia que enfrentan las personas unidas por vínculos y afectos diferentes al matrimonio entre hombre y mujer.
Indicó que la protección jurídica de las familias cruza los marcos constitucional, convencional y legal, y demanda actividades concretas para garantizar el derecho a la libertad de convicciones éticas, conciencia y religión.
Enfatizó que ni la orientación sexual ni la identidad de género constituyen criterios válidos para diferenciar el acceso al disfrute al matrimonio y a la protección de la familia, consagrado en los artículos 1° y 4° de la Constitución General de la República, que protegen de manera indistinta tanto a parejas del mismo sexo como a parejas heterosexuales.
Notas finales: 1. La historia de los mellizos varados en Mérida (Cancún) está basada en hechos reales, pero muchas situaciones y los nombres son producto de la fantasía. 2. ¿Cómo se dio esta inexplicable situación? Vea la nota "Pareja española de homosexuales se queda varada en Cancún en espera de pasaportes para sus mellizos" en http://www.sinembargo.mx/19-02-2015/1256763. 3. Una excelente fuente de información sobre la maternidad subrogada en España y el mundo puede encontrarse en www.babygest.es.



